Antonio Sangenís y Torres, héroe de Los Sitios de Zaragoza
Les cuento. Este oscense, nacido en Albelda (Huesca) un 12 de julio de 1767, hijo de los barones de Blancafort, fue un ingeniero militar distinguido en Los Sitios de Zaragoza. Comenzó su carrera militar como subteniente de infantería en 1774. En julio de 1783 se graduó en la Real Academia Militar de Matemáticas de Barcelona, tras lo cual recibió el título de ayudante de ingeniero extraordinario, y posteriormente fue ascendido a capitán. Su carrera militar continuó en ascenso y en 1805 fue nombrado comandante del Real Cuerpo de Ingenieros, a partir de lo cual se dedicó a tareas de enseñanza.
Los sucesos del 2 de Mayo de 1808 y el temor imperante en Madrid por la barbarie de Murat motivaron la dispersión de profesores y alumnos de la Academia.
Antonio Sangenis se unió a Palafox en Zaragoza como Comandante de Ingenieros con el objetivo de fortificar y defender la ciudad contra los ataques franceses. Fue condecorado por Palafox el 30 de septiembre con el “Escudo de distinguido defensor de la patria”, mereciendo señalarse su actuación el 4 de agosto en la puerta de Santa Engracia en el primer Sitio en donde participó de una manera activa y personal, constante y destacada en los cotidianos combates.
Murió durante el segundo sitio víctima de una bala de cañón cuando observaba el convento de San José, recién tomado por los franceses, desde la denominación ‘Batería de Palafox’ o del molino del aceite, junto a las tapias de Santa Mónica. Fue enterrado en la Basílica de Pilar el 13 de enero de 1809.
Es famosa e histórica su frase, “Que no se me llame nunca si se trata de capitular, porque jamás seré de opinión de que no podemos defendernos”. La ciudad que lo vio combatir dio su nombre a una calle y al cuartel de Pontoneros. Su retrato se custodia en la Sala de Banderas de la Academia de Ingenieros.
Guillermo Fatás escribió de él:
“No tenía por qué haber acudido a las tapias de Santa Mónica cuando el enemigo atacaba la batería del molino de aceite; un balazo francés lo dejó yerto. El año anterior, en el famoso Cuatro de agosto también acudió, por su propia voluntad, a mandar el puesto más peligroso, en la batería de Santa Engracia, objetivo central del ataque de los imperiales, ganando en esa jornada su nuevo empleo de coronel. Y no tenía por qué puesto que Sangenís dirigía las obras de ingeniería de la plaza.
Palafox le había dado tal cometido por saberlo notable matemático y porque su trabajo, acondicionando todas las fortificaciones del Cantábrico, cuando la Guerra contra la Convención francesa, lo había hecho famoso como ingeniero militar. Hizo la campaña del Rosellón, con Ricardos, y fue profesor en la Academia de Ingenieros que había en Alcalá.
Cuando Murat ordenó las represalias madrileñas tras el Dos de mayo, Sangenís vino a Zaragoza, más cerca de su Albelda natal, y se puso I a las órdenes del Capitán General. Zaragoza resistió mucho más de lo previsto gracias a su pericia.
Llevaba en el equipaje algunos de sus libros: el Tratado analítico de las secciones cónicas y los Empujes de tierras y de arcos, entre otros. Eran libros, unos, de teoría matemática, como Cantidades radicales y otras teorías del Algebra; otros, de ingeniería aplicada, como el de los empujes.
No tenía por qué haber acudido a las tapias de Santa Mónica. Pero era un soldado que aprendía en el combate. Y en él murió”.
Este es mi humilde homenaje a este héroe de los Sitios de Zaragoza, en este 2 de mayo de 2008 en el que se celebra el bicentenario del levantamiento de los españoles contra la invasión de las tropas francesas de Napoleón.
Antonio Sangenís y Torres es un antepasado de este que escribe y lo lleva en su memoria. Su abuelo, José Moncasi Sangenís, lleva su apellido.
Posted on Friday, May 2 2008
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Filed under: Opinión, Personas ejemplares
Tagged: Antonio Sangenis, Héroes de Los Sitios de Zaragoza, Independencia, Napoleón
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Un héroe de Zaragoza que no tiene calle en su lugar de origen. Visité la Academía de Ingenieros en Toledo y me llamó mucho la atención ver el cuadro de este insigne aragonés que hoy Vd. nos trae aquí´.
Buenos antepasados los suyos, D. José Mª.