Diego de Alvear y el tesoro de ‘La Mercedes’
La semana pasada los medios de comunicación españoles daban cuenta del verdadero tesoro que se esconde bajo el pecio hallado por el buque insignia de la compañía estadounidense Odyssey Marine Exploration, el Odyssey Explorer. En las profundidades del Algarve portugués descansan unos cien pecios españoles. Uno de ellos, la fragata ‘La Mercedes’ albergaba en sus bodegas un tesoro de 500.000 monedas de plata, un verdadero botín de plata y oro de las colonias españolas. La señora de D. Diego de Alvear y sus siete hijos murieron en ‘La Mercedes’.
El asunto es que dicho tesoro, que esta siendo investigado por las autoridades españolas y norteamericanas, podría dar lugar a una reclamación por parte de España ante las sospechas de un presunto delito de expolio. De momento el Ministerio de Cultura ha presentado una demanda en Estados Unidos.
La división española, de que formaban parte ‘La Mercedes’ y otras dos fragatas - la Fama y la Clara, portaba caudales remitidos por los virreyes de Lima y de Buenos Aires a las autoridades españolas que los esperaban ansiosamente. Dicha división estaba a las órdenes del Jefe de la Escuadra, General D José Bustamante y Guerra, siendo el segundo comandante de la escuadra el general D. Diego de Alvear y Ponce de León. Mi tatarabuelo.
Los Alvear partieron acompañados de su sobrino Isidro Gálvez y de cinco esclavos sirvientes. Diego de Alvear llevaba consigo ahorros de los de los sueldos percibidos como capitán de navío y comisario de la segunda partida y fondos de propiedad de su mujer. Una circunstancia imprevista decidiría el curso de su vida. Por ser el oficial de mayor graduación, Diego de Alvear, debió de sustituir a D. Tomás Ugarte, enfermo de gravedad. Se trasladó con ese propósito a la fragata Medea, con su hijo Carlos, dejando en la Mercedes a su señora y a sus otros siete hijos. Dícese que por movedizo y travieso de Carlos, que no se quedaba quieto en la cámara donde se alojaba la familia, su madre insistió a Don Diego para que lo llevara consigo.
Después de cincuenta y siete días de navegación normal, las fragatas alcanzaron a divisar en lontananza las costas de España a la altura del cabo de Santa María, cerca de Cádiz. Nada hacía suponer a la oficialidad de las naves españolas que la neutralidad de su patria, en la guerra entre Francia e Inglaterra, pudiese haber sido alterada. Las tripulaciones de algunos barcos con los cuales se cruzaron les habían confirmado que esa situación se mantenía sin variación. Sin embargo, los acontecimientos políticos en Europa amenazaban esa difícil neutralidad.
Inglaterra, empeñada en provocar una nueva coalición contra Francia, no aceptaba que España suministrase a Napoleón un subsidio mayor que el que hasta ese momento le venía reconociendo. Además, objetaba que se armaran en el Ferrol barcos franceses y exigía del monarca español que se constituyera en garante de una eventual tentativa de agresión de Francia contra el Portugal.
Cuando la división llegó a la altura del cabo de Santa María, el 5 de octubre, la armada inglesa había recibido instrucciones de acometer a los buques españoles en todos los mares y destruir a todos aquellos que no excediesen en su porte de cien toneladas. En el diario de navegación llevado por Alvear constaba que ese día se avistaron barcos de la marina de guerra inglesa, desde uno de los cuales, y eso de las nueve de la mañana, se destacó un oficial para prevenir a la división española, en nombre del comodoro Sir Graham Moore, que el gobierno de Su Majestad Británica había dispuesto la detención de los buques y su traslado a Inglaterra.
Reunidos el jefe de la división y su oficialidad, se decidió resistir a la inesperada orden y empeñar el combate con honor. A la media hora de un fuego sostenido de ambas partes “saltó la Mercedes por los aires con estruendo horrible – se leía en el diario – cubriéndonos de una espesa lluvia de ruinas y de humo sucumbiendo entre los pasajeros que en ella viajaban, la señora de Alvear y sus hijos Manuela, Zacarías, María Josefa, Juliana, Ildefonso, Francisco Solano y Francisco de Borja, “no pasando ninguno de ellos de diecinueve años de edad” como asimismo Isidro Gálvez y los sirvientes que le acompañaban. Rendidas la Medea y la Clara, que quedaron desmanteladas, y perseguida la Fama, el combate finalizó con un desastres sin igual para Diego de Alvear y su hijo Carlos, únicos sobrevivientes, por milagro, de toda la familia.
Su profunda fe religiosa y extraordinaria presencia de ánimo, permitieron a Diego de Alvear vencer la desesperación de los primeros momentos y, paulatinamente, ir sobreponiéndose a su desgracia. Las páginas de su Diario de Navegación reflejaron la increíble serenidad de su espíritu, despojado de todo sentimiento de odio hacia los autores del brutal ataque. Solamente consignaron los nombres de los seres queridos y apenas insinuaron la esperanza, que en algún fugaz instante tuvo el desgraciado Alvear, de poder llegar a rescatarlos de las olas.
Conducidos los buques al puerto de Plymouth, permanecieron sus tripulaciones en rigurosa cuarentena hasta el 31 de octubre en que, después de sahumarlos y de cumplidas algunas formalidades, se procedió a arriar las banderas amarillas.
La voladura de ‘La Mercedes’ y la captura de los demás barcos, sin la previa declaración de guerra, fue calificada internacionalmente como un acto de piratería. Inglaterra había violado los principios del derecho público internacional que profesaba defender.
El manifiesto que el Príncipe de la Paz (Godoy), gobernador de las Reales Armas, dirigió a los españoles, testimoniaba la indignación que el hecho había provocado en el país: “Hallándonos en paz con Inglaterra, y sin mediar declaración alguna que la interrumpiese, ha empezado las hostilidades, tomándonos tres fragatas del Rey, volando una … ¡Qué iniquidad por una parte, qué nobleza y buena fe por otra!“. El gobierno español declaró la guerra el 12 de diciembre, retiró a su embajador, dispuso arrestar a los ingleses que se hallaran en la península y secuestróles sus bienes en garantía.
A los pocos días del terrible suceso, y encontrándose Diego de Alvear en Plymouth, escribió a su hermano mayor José, abad mitrado del monasterio de San Basilio en Granada, dándole la tristísima noticia. Serenamente relataba los hechos, mencionando la rara casualidad de que por haber sido nombrado segundo jefe de la división y trasladado con Carlos a la Medea, los dos se hubieren salvado.
Desde Plymouth los atribulados padre e hijo pasaron en Londres donde residieron casi todo el año de 1805. La magnitud de la desgracia a D Diego de Alvear atrajo las simpatías de los diplomáticos extranjeros, funcionarios del gobierno, sociedad londinense y hasta el mismo Rey Jorge III. Muy especialmente George Canning, entonces a cargo del despacho de Marina.
A su vuelta Don Diego se dirigió al Real Sitio de Aranjuez en dónde el rey Carlos IV y María Luisa, se interesaron por sus trágicas vicisitudes que había corrido. “Diego: Cuánto hemos deplorado tu gran desgracia ocasionada por los malvados traidores”, le dijo la Reina. Nada más. D. Diego de Alvear nunca recibió honores ni reconocimientos por todos los servicios prestados a la Patria y a la Corona. “De la isla de León nunca pasó Napoleón” es un dicho muy conocido en la Guerra de la Independencia. Y es que resulta que el emperador francés se hizo dueño de toda España menos de Cádiz y San Fernando. Gracias a D. Diego.
Que decir que el hundimiento de La Mercedes es equivalente a lo que sucedió con el buque Arizona en la batalla de Pearl Harbor, que precipitó la participación activa de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
Voces
Juicio por el caso ‘Odyssey’. Arqueólogos de Cádiz.
Noticias biográficas del Brigadier D. Diego de Alvear.
HIstoria de la Bodega Alvear. D. Diego de Alvear y su visión exportadora.
Combate del Portazgo. Inicio del Sitio de Cádiz.
Posted on Tuesday, May 13 2008
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Filed under: Opinión, Personas ejemplares
Tagged: Cabo Santa María, Carlos IV, Diego de Alvear, Godoy, La Mercedes, Odyssey
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La historia y vida de su antepasado, señor Moncasi, debería de llevarse al cine. Necesitaría dotarse de un gran presupuesto. Es su único handicap.
Are English translations of Diego de Alvear’s journals available? I’d like to learn more about his life, but my Spanish is weak.
Thanks,
James